Se trata de un pequeño pastel hecho con masa filo, relleno de nueces trituradas y bañado en almíbar o miel. Es frecuente que se sirva a temperatura ambiente junto con alguna bebida caliente.

La historia del baklava guarda algunos aspectos interesantes, como todo lo que tiene que ver con los misteriosos árabes:

  1. Los griegos hicieron la masa más fina
    Los árabes preparaban el baklava haciendo la masa lo más fino que podían, pero aun así no llegaba a ser tan delicada como la conocemos hoy en día. Fueron los griegos quienes inventaron una técnica de pastelería que les permitió hacer capas muy finas de masa, que eran mucho más fáciles de cocinar.
     
  2. A partir del baklava nació el strudel
    Los griegos no fueron los únicos que se toparon con el baklava en su intercambio con los árabes, pronto los austriacos descubrieron este pastel y lo incorporaron a su gastronomía haciéndoles algunas modificaciones, por supuesto.
    Así pues, la versión austriaca consiste en un enrollado de masa filo que en su interior tiene una mezcla de manzanas cocidas y acarameladas. Con el tiempo el strudel llegó a otros países europeos como República Checa, Rumania, e Italia.
     
  3. Es un postre con muchas calorías
    El baklava no es un postre apto para aquellos que cuentan las calorías antes de llevarse una cucharada a la boca, de hecho, cada 100 gramos contiene aproximadamente 640 kcalorías. Para muchos será un exceso prohibido, pero piensa que lleva nueces, miel y mantequilla, que son alimentos saludables en cantidades moderadas, además, una vez al año no hace daño.

El baklava era un postre para la clase más acomodada de la región árabe, solo aquellos que tenían suficiente dinero podía darse el gusto de comer un manjar como este. Es un privilegio que ahora se encuentre a disposición de casi todo el mundo.