El Líbano es un crisol donde se han amalgamado varias civilizaciones a lo largo de miles de años. Fue el hogar de los fenicios cananeos, luego sufrió la conquista y ocupación de los sirios, persas, griegos, romanos, cruzados y turcos otomanos; a mediados del siglo XX cayó bajo los franceses hasta su independencia en 1943. Desde ese entonces el Líbano ha pasado por altibajos en la estabilidad económica y política.

Conociendo la historia breve del Líbano se puede entender a su población, compuesta por diferentes grupos étnicos y religiosos, que se manifiesta en los festivales, en su música y su literatura, así como en su cocina.

No obstante, esa diversidad étnica, lingüística, religiosa, los libaneses comparten una cultura común. Su cultura es un mosaico de culturas interrelacionadas. Su comida, su música y su literatura están arraigadas en las normas del mediterráneo.

Como se puede deducir, la comida libanesa refleja las influencias que ha vivido durante milenios; del imperio otomano los deliciosos platos de cordero, café fuerte, frutos secos, baklava para mencionar solamente una de las influencias.

La cocina libanesa se ha expandido por muchos países, hay platillos muy conocidos y que satisfacen el paladar de los más exigentes, basta mencionar el taboulé, que es una ensalada muy fresca elaborada con hojas de perejil picado, aceite de oliva, trigo y hojas de menta; el mutabal  que es una crema preparada con la pulpa de berenjena, que ha sido previamente asada, y se le añade ajo, pasta de ajonjolí, limón y se salpimienta; el KIbbe, una mezcla de carne de cordero molido con trigo bulgur, se puede consumir crudo, horneado o frito.