La cocina marroquí tiene su base en la cultura de la etnia milenaria berebere del período preislámico; etnia que ha logrado preservar su lengua y sus tradiciones a través de la historia.

La cocina berebere se basa principalmente en el uso de cereales, hortalizas y poca carne; para la preparación de postres usan almendras, dátiles, uvas y miel; es en esta cocina que encontramos similitud con el origen de importantes platillos marroquíes, platos como el cuscús o los tajines, así como el Mechui, cordero asado sobre brasas, que se acostumbra llevar a la mesa en grandes celebraciones.

Con la invasión de Marruecos por los árabes y la posterior conquista de la península Ibérica por los mismos, se establece un intercambio gastronómico con la cocina del Mediterráneo. De ahí la fusión de la cocina del norte de África, donde están establecido los berebere, la del Mediterráneo y la árabe.

En la comida marroquí no pueden faltar las especias como: azafrán, canela, jengibre, comino, y menta; que son las responsables de darle ese toque tan especial a los platillos marroquíes. Las carnes de cordero y pollo son indispensables en los exquisitos estofados, y no pueden faltar las frutas y verduras, los dátiles y los frutos secos.

 En la cocina marroquí se combinan los sabores salados y dulces como la Bastilla, un pastel de hojaldre que se distribuye en capas alternando el relleno con carne de pollo o paloma ligeramente picante, intercalando una pasta de almendra y huevo. La parte superior del pastel se espolvorea con azúcar glas y canela.